lunes, 27 de agosto de 2012

Selección natural, de Soledad Castresana


Liebre
Una estrella
me imanta los ojos.
Se escucha un estruendo.
Espero en la luz.

...

La supervivencia del más leve
Una hormiga
carga una espina.

En la punta
una mariposa
descansa.

...


Lagartija
Un órgano de la piedra
se separa y corre
de vuelta al sol.

...

La supervivencia del más leve
Van a soltar al tigre.
Va a saltar.
Voy a esperarlo con la boca abierta.

...

Tío Luis
Bordaba manteles
porque no podía
imaginar un cuerpo
para sus manos.



Poemas del libro Selección Natural.

viernes, 24 de agosto de 2012

La epigrafista, de Paulina Vinderman



Ya no me reconforta abrazar la ciudad.
La soledad del mediodía esta vez es brutal.
Duelen los huesos de dormir demasiado,
duele no recordar los sueños
y cuidar de mis flores,
e intentar escribir con mi última tinta.

Las flores del ciruelo de mi abuelo materno
eran la belleza visible.
Atrapaban mi respiración
como se atrapa un pájaro obsesionado,
disuelto en la brisa.

Me vuelco, encorvada sobre la hoja,
mi lapicera parece enfrentarse a la piedra.
Parezco perdida; he perdido una palabra
/fundamental
y no sé ahora reparar su falta.

Un halcón con su caperuza.

El amor se murió rápido, tan rápido como llegó
y en el núcleo del invierno
no hay lugar para mentiras piadosas.
Aprenderé un idioma antiguo,
alto y solitario sobre la hierba del mundo.
Sangre seca para mi historia.
Nada que ver con el amor,
nada que ver con las reglas de vida.
Un signo de puntuación
sobre la tierra donde crecía el ciruelo.



Hilos Editora invita a la presentación de "La epigrafista" de Paulina Vinderman, a realizarse  el martes 28 de agosto, a las 20 horas, en "La reforma", Av. Juan B. Justo 2135 (entre Aguirre y Loyola). Hablarán Liliana Díaz Mindurry y María Malusardi; habrá lectura de poemas y un brindis.

jueves, 23 de agosto de 2012

Tres poetas se suman a nuestra Biblioteca Virtual

Esta semana incorporamos los libros de tres poetas argentinas: Las madres remotas, de Elena Anníbali; El gigante, de Irma Elena Marc; y Diario de la Plaza y otros desvíos, de Marta Ortiz. Libros inhallables en papel.


domingo, 8 de abril de 2012

Cadencias, una lectura sobre el libro de Valeria Cervero (Javier Galarza)







Lo que sigue es una lectura de Cadencias, el libro de Valeria Cervero, a través de las siete palabras que dividen las agrupaciones de los poemas: laberinto - espejos – guía -  abrigo - juegos- lengua- duración.
La figura arquetípica del laberinto suele introducirnos
en un dilema tan mítico como existencial, «como en el viento/ el día afuera del ser/». Aún así se vislumbra una salida: «caminos sin cuándo/ y una voz/ que guía/ desencuentros/ en el final de cada cuerpo».
Los espejos son ese espacio de alienación donde el sujeto se constituye desde fuera (Lacan), donde «Yo es otro» (Rimbaud), donde según Borges «los espejos y la creación son abominables porque multiplican el número de seres». En Cadencias los espejos y su «imagen precipicio» y algo que llama a callar: «días en que sólo soy un silencio. /
este». Ante la intemperie que propicia el poema necesitamos abrigos momentáneos, cobijos parciales, donde una palabra se hace guía o hilo de Ariadna para salir del laberinto: «la madrevoz advierte…/  y decidís tucuerpo/ aunque desmadre»
La lección del juego es la instancia más alta en la filosofía de Nietzsche o Bataille: «frente al pequeño respiro azul/ en el espacio/ sin espejos/ sólo se puede/ ser/ el propio ausente/ olvidadiós».
Juego del carretel donde la destrucción del dios gramática nos posiciona en un nuevo lugar en tanto usuarios de la lengua: «tar tamu deces/ siempre/ pequeña imagen/ sindecir a menos que/ Espanto/ irrumpa».
Y pese a que «apenas partimos / y casi creemos decir lo nuevo/ pero solo decimos/ nuevamente», es la poesía lo que instaura un nuevo discurso, un nuevo emplazamiento, una nueva posición en el mundo.
Queda una última instancia: la de la duración.
Somos temporales y en tanto haya un final, habitar o vivir es imprescindible: «un pacto/ pleno/ de estar// ahí».
Javier Galarza

martes, 3 de abril de 2012

Dos poemas de Gustavo Roldán (1935-2012)


Gustavo Roldán escribía maravillosas historias para chicos, era carpintero y mago. Estaba siempre dispuesto a brindarse, a compartir, a visitar escuelas públicas, a contribuir para que este mundo sea más hermoso y más justo.
Hace muchos años, sabiendo que lo mío siempre sería la poesía, desempolvó un librito escondido de ediciones Argos y me lo regaló.
Comparto con ustedes dos poemas de Balada del aullador (1993)

Disfraces

Escondo el animal
lo disimulo
lo encadeno a la pena
de un pantalón y una camisa
ahogo los aullidos
debajo de la almohada
en la mitad de la noche
cuando es más larga la ausencia
No es fácil para un lobo
sobrevivir en medio de la gente.

1976/1990

Tras el bolsillo de la camisa
lo escondo y lo alimento
como a un suave animal
una pequeña bestia
sin uñas ni colmillos
pero con odios
a prueba de fuego
del tiempo
de la lluvia
que no quiere olvidar
que si los años pasan
y los muertos siguen muertos
las cenizas
todavía
no han aparecido.

viernes, 24 de febrero de 2012

Esos seres que fue Olga Orozco, por Silvina Friera






Un verso se escurre entre los dedos del presente: “Son los seres que fui los que me aguardan”. La hechicera asombra. La luz de su mirada, tan intensa y magnética, parece de otro mundo. Enmascarada en los pliegues de otras horas, la alquimista que nació en Toay, La Pampa, con el sol en Piscis y ascendente en Acuario, regresa bajo las encarnaciones de esos seres que fue: “la niña clara y cruel de la alegría”, “la niña de los sueños”, “la niña de la soledad”, “la niña de la pena”, “la niña del olvido”, “la niña eterna”, “la niña del espanto”, “las fugitivas niñas de la sombra”. Todas estas niñas y algo más, mucho más. Como la poesía, Olga Orozco es “un organismo vivo, rebelde, en permanente revolución”. En las mil y unas caras de Orozco, perduran memorables piezas periodísticas de su labor en la revista femenina Claudia, donde se probó el ropaje de ocho seudónimos. Así fue la desopilante Valeria Guzmán del consultorio sentimental con las lectoras; Martín Yanez para sus agudas críticas literarias, Sergio Medina para las notas sobre avances técnicos o sobre estrellas de Hollywood como Marilyn Monroe; Richard Reiner para los artículos esotéricos; Elena Prado o Carlota Ezcurra para crónicas de la vida social; Valentine Charpentier para escritos biográficos y de viajes, y hasta el desafortunado Jorge Videla para algunos textos sobre tango o temas considerados “masculinos”. Dos esperadísimos libros permiten explorar el mosaico orozquiano: su Poesía Completa (Adriana Hidalgo), edición cuidada por Ana Becciú con excepcional prólogo de Tamara Kamenszain; y Yo.Claudia (Ediciones en Danza), compilación de su obra periodística (1964-1974) en la revista homónima, con investigación y prólogo de Marisa Negri.

Copiosos frutos se despliegan de la mano de la hechicera. La Poesía Completa recoge los once poemarios que publicó Orozco; empieza con Desde lejos (1946), el primero, y para dicha de los lectores se incorpora a este inventario esencial un libro póstumo, reunido bajo el título Ultimos poemas, además de tres ensayos en los que expresa sus ideas sobre la literatura y la creación poética, y evoca su vida. Resulta imposible leer “Anotaciones para una autobiografía” sin esbozar, por momentos, una sonrisa. “Cuando chica era enana y era ciega en la oscuridad. Ansiaba ser sonámbula con cofia de puntillas, pero mi voluntad fue débil, como está señalado en la primera falange de mi pulgar, y desistí después de algunas caídas sin fondo. Desde muy pequeña me acosaron las gitanas, los emisarios de otros mundos que dejaban mensajes cifrados debajo de mi almohada, el basilisco, las fiebres persistentes y los ladrones de niños, que a veces llegaban sin haberse ido.” En el preciso instante en que se parpadea para saltar hacia la próxima línea, la poeta desecha el registro juguetón por una emoción contenida. “No tengo descendientes –se lee hacia el final–. Mi historia está tatuada en mis manos y en las manos con que otros me tatuaron. Mi heredad son algunas posesiones subterráneas que desembocan en las nubes. Circulo por ellas en berlina con algún abuelo enmascarado entre manadas de caballos blancos y paisajes giratorios como biombos. Algunas veces un tren atraviesa mi cuarto y debo levantarme a deshoras para dejarlo pasar. En la última ventanilla está mi madre y me arroja un ramito de nomeolvides.”
Olga se marchó presintiendo que no regresaría. Eso recuerda Ana Becciú. Antes de internarse en una clínica, en mayo de 1999, para someterse a una delicada intervención quirúrgica, la poeta dejó sobre su mesa de trabajo, en el cuartito más retirado de su departamento de la calle Arenales, que le servía de escritorio, dos carpetas caratuladas “A” y “B”, y siete hojas con poemas mecanografiados y rubricados, abrochadas en una cartulina en cuyo dorso, escrita de su puño y letra, había una lista de doce títulos de poemas. Esos poemas estaban bien a la vista, como inmensos retazos del porvenir. La carpeta “A” contenía todos los poemas de la lista en proceso de escritura. La carpeta “B”, en cambio, los agrupaba mecanografiados y firmados por ella, como dándolos por terminado. En la hoja que abría la carpeta “A” había escrito, a modo de título, Ultimos poemas (ver aparte). El mal presagio se cumplió cuando los ojos de Orozco se cerraron el domingo 15 de agosto de 1999. “Reunir una obra poética supone que un hilo invisible la fue encuadernando durante años y que sólo queda hacerlo evidente –postula Kamenszain en el prólogo–. Es el identikit de una voz que desde lejos nos convoca a actualizar todos los libros en uno nuevo.”
(...)

Como tantos otros escritores, Orozco ejerció el periodismo. En el prólogo de la obra periodística, Marisa Negri repasa esta faceta menos visible. Colaboró en diferentes diarios y revistas argentinos, barajando estilos de acuerdo con el medio y con los temas que abordaba. Pero fue en la revista femenina Claudia, un mensuario de más de cien páginas dirigido por Cesare Civita y publicado por editorial Abril, donde la poeta lanzó un puñado de sus mejores conjuros estilísticos. La revista, con un diseño gráfico de vanguardia, apuntaba a una lectora alejada del modelo “mujer ama de casa”. Por las páginas de esta revista desfilaron varias firmas notables: Raúl Gustavo Aguirre, Pedro Orgambide, Jorge D’Urbano y Miguel Brascó, entre otros. La prosa periodística de la poeta es aguda, ingeniosa; en momentos en que se pondera tanto la crónica, perfiles y artículos de facturas más elaboradas que los que surgen en el día a día de una redacción, se debería incorporar al canon de nombres que se repiten –muchas a veces hasta el hartazgo– el apellido Orozco. Hay un par de textos orozquianos para enmarcar, para asignarles un “cuadro de honor”, sobre Katherine Mansfield, Lord Byron, Madame Curie o las mujeres del Renacimiento. ¿Quién incrusta el presente como un tajo entre las proyecciones del pasado? Olga –como siempre y para siempre– rompe las ataduras con lo imposible.

jueves, 9 de febrero de 2012

Luis Alberto Spinetta en la mítica Expreso Imaginario



Todos amamos a Spinetta. Hemos crecido con sus canciones, con su genialidad, con la grandeza de su alma.
Hoy más que nunca hay que volver a escucharlo, a releerlo. Es por eso que desde Regale Poesía les queremos acercar sus entrevistas en la mítica Expreso Imaginario.
A partir de la idea original de Jorge Pistocchi en 1975, el Expreso Imaginario significó un núcleo de camaradería creativa y un refugio casi secreto en la época más sangrienta y dolorosa de la historia argentina.
Pipo Lernoud compiló en un cd-rom todas las tapas y sumarios de esta mítica revista desde el primer hasta el último número en una edición sin fines de lucro que nos acercó generosamente.
De allí tomamos los ejemplares dedicados a nuestro querido Luis Alberto Spinetta que se suman a nuestra biblioteca virtual

Porque cada vez que alguien lo recuerde estará entre nosotros.

http://issuu.com/regalepoesia/docs/nro_66_-_enero_1982#f92766ad-71a8-4929-9b87-2ec7d9f62c2b